La realidad me destruye, como el tiempo desgastando cada una de mis ideas hasta hacer surcos en ellas, como el arado
sobre mi piel. La realidad me destruye con un niño bribón que patea el lugar dónde apoyo mi fe.
Ahora impaciente la letras se me van, el aire me abandona,
el café me desprecia, las manos me sudan y el atardecer me torturar con su
lejanía, mi refugio se pierde, me implota.
Silencio que la realidad pase y no me mire no me destruya,
construyamos un matiz de sonrisas para que los otros inadvertidos fomenten su
inadvertencia, digamos mentiras para que
la realidad no me destruya.
Sobre el chiste fofo y peregrino, a carcajadas cantare mi
desgracia, reciclare mi cuentos una y otra vez hasta que en todos estén hartos de
oírlos y así podrán dejarme solo, porque no tendré nada nuevo que contar, nadie
a quien entretener, ni convidar, seré un fantasma, seré irreal, oblicuo, insensato, irreal como todo eso por
lo que vale la pena vivir, aunque no se pueda comprobar, aunque parezca locura,
seré.
Donde mi espacio no sea más perturbado por tus idioteces,
por tu malas acepciones de felicidad, por tu criterio innocuo, estéril, aburrido,
madurare como dicen que hay que hacerlo hasta encajar en ese traje de
poliéster y cremalleras, o de lana y lino, o de encaje y mierda, o lo que sea
que te parezca sensato para no parecer yo.
Así inadvertido escribiré a
escondidas como lo hago ahora, en el rincón de una oficina gris y despiadada que
lejos invitarme a trabajar por mi subsistencia, invita a despreciar mi existencia,
que es, me explico y me sosiego sólo un trámite, un argot pasajero de lo que a en verdad viene, un tramite para hacer lo que vine a hacer.Es un lugar donde esconderse ocho horas para no pensar en si
o los demás, o en la realidad.
Hoy no puedo con la realidad, me obstruye, me oprime, no me
reconozco, he perdido mi fe, mi socorro y mi consuelo, ahora que me creen deprimente
y decrepito, espero sepan que esto no lo he escrito yo sino mi realidad. La realidad
que sólo se nota cuando ya no hay fe.