Te acuerdas del cuento aquel que te escribí, el de los
candados por fuera para mantener las ventanas siempre abiertas, si, que en esa
casa había un salón enorme y en medio de él una marimba de caoba, ahora pienso
que qué locura era esa de que la señora usara la marimba para desterrar a las
mariposas, esa obsesión de coleccionar orugas. Luego no entendía cómo es que preferías
que el muchacho que brincaba entre piedrotas del peñasco llevara un bombín, en
vez del sobrero de paja que yo había pensado, pero bueno el cuento era para ti,
y como yo tenía el mismo plan para el sombrero que la señora para las
mariposas, con el ventarrón que se llevaría el sombrero del muchacho y en su
afán de recuperarlo se encontró contigo recolectando cadáveres de mariposas,
que cosa más ridícula y snob fue el cuento aquel.
Bueno pregunto que si lo recueras porque ahora me siento
como la señora cuando decide abandonar la casa, en ese momento pensé que la
abandonaba porque se cansaba de criar orugas ofreciéndoles hermosas y
deliciosas flores, y se marchaba para perseguir sus sueño de hacerse secretaría
bilingüe, pero ahora más bien creo que se marchaba de la casa porque estar en
una casa que nunca cierra es como estar afuera todo el tiempo, y salirse de
eso, es bueno, volverse mariposa.
Y me pregunto si te acuerdas porque creo que en ese momento
lo entendías mejor que yo, y bueno, pues nada, tenías razón.
Besos.