El vacío tiene sus (muy) asombrosas propiedades, así nomas comprenderlo es un asunto que a un matemático puede tomarle muchos años entenderlo bien a bien, explicarlo otro tanto, las demostraciones que de aquello emanan son tantas y tan variadas como cosas se puedan chulear nomás por no ser feas.
Y es que el vacío cumple con esa sin razón de abrazar todo lo que no existe, está vacío, pero existe, es algo, tiene nombre apellido y un infinito contenido, está vacío de nada, y su nada dentro de él nunca se acaba, es decir que el vacío es muy ancho, muy gordo, esta lleno de todas esas cosas que no están en ningún otro lado, porque no caben.
El vacío es la negación de cualquier atributo, es el atributo de todas las cosas y su reino es tan profundo e implacable como el de todo lo que es vacío o vacila con existir.
El vacío, afirman los algebraicos es el origen de todos los números que se conocen, primero se tenia el vacío luego se tuvo algo que contenía al elemento que no contenía nada, es decir primero se tuvo una nada y luego cuando se logro atrapar a la nada en algo comenzaron contar cuántas de esas nadas se podrían atrapar y así fueron llegando al uno, apenitas luego se dieron cuenta de que ya habían llegado al cero, que era ese algo que contenía nada, pero era.
No vaya usted a creer que le vengo a cantinflear con animo de confundir, vengo aquí a decirles que estoy muy encabronado con la vida y con la muerte, y con la manera de que la vida por fin tiene ese vacío que parece pesar un tonel; sobre todo los lunes por la mañana.
En estos días en los que todos parecen haber jugado con nuestra inteligencia, es increíblemente fácil perder la fe, uno va dejando de creer cosas, cada vez más porque todos quieren sacar partido, hasta uno mismo va aprendiendo a producirse sus mentiras, dejas de creer en Dios, en la economía, en la justicia, en el trabajo, en las ideas, en el espíritu, en las personas, en la belleza, en el amor, en el tiempo, en ti. Cada quien sabe por/para/y con quien hace lo que hace, es fácil sentirse abandonado, desprotegido, y lo más fácil es mandar todo a la chingada y empezar de cero una y otra y otra y otra y otra vez.
Empezar a confiar en las amistades, en sus sólidos valores, en sueños, en sus contundentes conocimientos, en algo que parezca verdad, abandonar la masa humana para convertirse una y otra vez en el individuo, en la cosa que contiene al vacío, al hondo vacío, al suspiro con ganas de tener sentido.
Vacie sus días de tristeza y llenelos con sonrisas, exhale estrés inhale paz, reflexiones sobre el aquí y ahora, el polvo de estrellas que constituye nuestro origen, y el hierro en su sangre que proviene de una estrella enorme y preciosa que estalló, recuerde un bonito ambiente donde se sienta más cómodo, respire profundamente y repita hasta olvidar que su existencia es pequeña y miserable.
Todos nos hemos sentido así muchas veces, seguro estoy, perder la fe, el sentido, el rumbo, el tiempo, denigrar al amor, acostumbrarse al vacío, a lo material.
Dejar de querer un mundo mejor, ni siquiera para alguien más, ¿mis hijos? ¿mis nietos? ¿mis bisnietos? ¿mis sobrinos? y el que yo heredé ya es una mierda, no puedo corregir el pasado, (dificilmente puedo hacer algo por el presente). La sociedad (nosotros) merece ser reinvidicada, revolucionada, ilustrada, al menos reconocerse humana, parece que de pronto somos una sarta de pendejos burlandonos de algun pendejo, gallinas sin cerebro corriendo sin sentido, todos y cada uno dueños del mismo rencor.
No, ni era de la generación x, ni la y, ni la z, basta tener un dedo de frente y sentir que el vacío desgasta este lienzo sobre el cual Dios y su corte celestial, el átomo y sus partículas subatómicas, Cronos y sus perversiones con Gea, todos ellos, han tenido el mismo problema, el brutal abandono, el peso de un vació infinito que sobre sus conciencias minuto a minuto pesa, abraza, está, y a caprichos dicta y define todo lo que es, por no ser.