La sarna es un ácaro (un insecto diminuto) que se mete bajo la piel. Cuando un ácaro hembra se mete en la piel de una persona para poner sus huevos se produce un salpullido que causa picor.

Cualquiera puede contraer sarna. Probablemente hay millones de personas con sarna

jueves, 9 de marzo de 2017

Je ne sais dis pas, tu me manques


Comento a la brevedad el motivo de mi diligencia, no sin antes procurar mis esperanzas como una suerte de saludo, créame señora mía que mis intenciones sólo cubren su bienestar, sin vestigio o tono caprichoso, esperando que su situación sea del mayor de los agrados, que sus virtudes gocen de toda la salud, deposito pues mi más ferviente deseo a su buena aventura, que el milagro de su existencia sea recipiente de todas las bondades de la vida.

Me acuso de usted, me martirizo por lo demás, y explico, padezco cada longevo y terrible minuto que sufro en su ausencia, por opuesto ocupo los instantes pensando en su regreso, en la dulce fatiga que me arreará hasta sus brazos.

Cautivo me declaro de sus usos, de sus miradas que son mis placeres, las gentilezas que me concede sin merecerlo, no me mal entienda si de mi alma me refiero es para reseñar que vaga con la suya como el consuelo de un buen amigo; desde que la plenitud de sus palabras dejaron sembrado mi interés para soportar cada uno de sus alientos, su inteligencia sin precedentes ha endulzado la nostalgia, desterrando mis pensares a lo aburrido, es mi desesperación ésta fuerza de extrañarle la que me oprime.

Desde su partida he experimentado un serie de síntomas perversos, por las mañana cuando por fin el insomnio termina con prisa busco encontrarme por casualidad con su humanidad por aquí, allá o en cualquier plaza, razón por las que abrevio las comidas, evito el café y prefiero los paseos inquisitivos entre la gente, fumo como desesperado y exhausto suspiro, colecciono fracasos, no le hallo.

Me acuso de usted, usted como un pecado insolente y travieso, de mi corazón que se estremece y entre sueños la recuerdan, me acuso de usted como el mejor de mis días, me acuso de su boca, me acuso de su cuerpo, me acuso de sus labios, me acuso de su mirada, me acuso de adorar su inteligencia, me acuso de ser fanático de sus virtudes, me acuso del pecado, del horrendo pecado de quererle y suplicarle al destino que usted me quiera, me acuso y la condena al parecer viene con su ausencia, no puedo más y al sostener el último de mis alientos, ruego, la bondad de probar de sus labios el eterno amor de un beso.

Ahora termino porque ser sincero es insolente, termino porque ahora no puedo más que seguir con mi insomnio pensando en usted y en cómo hacerle feliz, ahora termino, no sea que mis impertinencias hagan eco en algún lejano peñasco que por casualidad u omisión atienda su merced.

Lamento el contratiempo que este desbocado sentimiento le pueda ocasionar, le prometo que en el futuro seré tan discreto y servil como hasta ahora me he brindado, sin afán de atribuir mis malestares.

Suplico esta rogativa sea abandona al olvido a la brevedad y que de lo que esta carta sea sabido, se atesore lo que buenamente le valga, que el tesoro de los días es su sonrisa la mejor alegoría de esperanza que cualquier hombre pueda suplicar.

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